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jueves, 7 de julio de 2016

La Depresión

La depresión

Los sentimientos de tristeza y desaliento son reacciones emocionales normales a situaciones difíciles. Pero cuando estos sentimientos persisten por más de unas semanas, podrían ser signo de un trastorno del estado de ánimo llamado depresión.

La depresión es una de las enfermedades mentales más comunes. Puede manifestarse a cualquier edad, y una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres experimentarán depresión en algún momento de sus vidas. Casi el 90 por ciento de aquellas personas que sufren de depresión podrían ser tratadas eficazmente. Aquellas personas que reciben tratamiento sienten su beneficio. Pero muchos no reciben tratamiento, en gran parte porque no reconocen la enfermedad o no se dan cuenta de sus síntomas, echándole la culpa a la gripe, estrés, poco descanso o mala alimentación. Si no se la trata, la depresión puede conducir al suicidio.

Tipos de Depresión.

La depresión se manifiesta en formas diferentes, y algunas de ellas pueden superponerse. Los psiquiatras pueden dar más de un diagnóstico, ya que la enfermedad a menudo está ligada con otros problemas como abuso de sustancias, trastornos relacionados con la comida o trastornos de ansiedad.
-La depresión clínica se refiere a una condición lo suficientemente seria como para requerir atención profesional. Se dice que una persona que sufre de depresión aguda durante un período corto, ha tenido un episodio de depresión clínica.
-La depresión grave se caracteriza por síntomas más agudos o exagerados.
-Cuando una persona exhibe síntomas depresivos leves, en forma consistente, se dice que esa persona sufre de un trastorno distímico. Cuando una persona con distimia sufre un episodio de depresión aguda, se lo denomina depresión doble.
-También existe otro tipo de depresión identificada más recientemente, conocida como trastorno estacional afectivo (SAD, por sus siglas en ingles), que se desencadena por los cambios de las estaciones del tiempo, influido por las condiciones climáticas y la cantidad de luz de día disponible.
-Otro tipo de depresión aguda es la maníaco-depresión o trastorno bipolar, llamada así porque las personas que la padecen, no sólo pasan por momentos bajos de la depresión sino también las euforias de la manía.

Causas.

Si bien las investigaciones han logrado una vasta explicación acerca de la depresión, los científicos todavía no han podido encontrar el mecanismo exacto que la desencadena. Existe una gran posibilidad de que no haya una simple causa. Sin embargo, estudios recientes han conectado a la depresión con cambios genéticos en la composición química del cuerpo. Estos cambios generalmente involucran un desequilibrio en los neurotransmisores (sustancias químicas que permiten que las células del cerebro se comuniquen), en particular serotonina y norepinefrina.

Otros factores, como relaciones familiares negativas, enfermedades graves, pérdidas o cambios significantes y abuso de sustancias pueden causar o complicar la depresión. Los familiares cercanos de personas con depresión tienen más posibilidades de contraer depresión o maníaco- depresión que la población en general.

Indicios y Síntomas.

A menudo se confunde una verdadera depresión clínica por una tristeza ocasional, desaliento, desilusión o melancolía. Estos sentimientos generalmente están presentes en la depresión, pero en una forma más intensa y prolongada. Las personas que sufren de depresión probablemente exhibirán uno o más de los siguientes comportamientos:

• Sentimientos de falta de valor, falta de esperanzas, de impotencia, indiferencia total o culpa extrema
• Tristeza prolongada, llanto incontrolable
• Irritabilidad
• Retracción de actividades o relaciones de las que disfrutaron en otros tiempos
• Incapacidad para concentrarse o recordar detalles; indecisión
• Cambio notable en el apetito con pérdida o aumento de peso repentino
• Cambio en los hábitos de dormir: fatiga constante, insomnio, despertar temprano o dormir demasiado
• Problemas físicos que no tienen otra explicación
• Pensamientos sobre la muerte o intentos de suicidio

Tratamientos.

La depresión es una de las enfermedades mentales más tratables. Casi un 90 por ciento de las personas que sufren de depresión responden bien al tratamiento, y casi todos los pacientes en tratamiento experimentan beneficios. Al igual que otras enfermedades mentales, la depresión se trata con medicamentos, psicoterapia o la combinación de ambos. Los pacientes generalmente comienzan a sentirse mejor en sólo unas pocas semanas.

Medicamentos.

Los medicamentos antidepresivos se utilizan para corregir desequilibrios de ciertos neurotransmisores. Por lo general se recetan cinco grupos de medicamentos para la depresión: antidepresivos tricíclicos, inhibidores de monoaminoxidasa (MAOIs), inhibidores de recaptación selectiva de serotonina (SSRIs), inhibidores de recaptación selectiva de norepinefrina (SNRIs) y otros antidepresivos atípicos.La eficacia de los medicamentos antidepresivos depende de la salud general de la persona, su peso, su metabolismo y otros características físicas. Generalmente se los receta de acuerdo a la persona. Si un medicamento no funciona, el médico puede probar otro, o una combinación de medicamentos para determinar el régimen más eficaz. Por lo general, los antidepresivos actúan efectivamente entre tres y seis semanas.

Otras formas de terapia son la terapia de electroshock (ECT) y terapia de luz. Si bien su utilización ha disminuido desde la aparición de los medicamentos más modernos, la terapia de electroshock es muy eficaz para aquellos pacientes que no toleran los medicamentos o que no pueden tomarlos debido a condiciones médicas, edad, mala nutrición, o simplemente aquellos que responden a los medicamentos antidepresivos. La terapia de luz se utiliza principalmente para aquellos que sufren del trastorno estacional afectivo. Bajo esta terapia, los pacientes asisten a sesiones terapéuticas regulares donde se los expone a luz proveniente de una fuente de luz de gran espectro.

Psicoterapia.

La psicoterapia involucra la participación verbal entre profesionales capacitados y pacientes. El terapeuta utiliza técnicas para ayudar al paciente a adquirir una nueva percepción personal que le permitirá cambiar sus pensamientos, sentimientos o comportamientos en una forma positiva.Varias formas de esta “terapia hablada” han sido de gran ayuda para el tratamiento de la depresión. Estas terapias son: psicoterapia interpersonal, terapia cognitiva y del comportamiento, psicoanálisis y psicoterapia psicodinámica.



La vida con Depresión
La depresión hace que la persona se sienta cansada, sin valor, impotente y sin esperanzas. Es importante destacar que estos sentimientos son resultado de la depresión y que no reflejan con exactitud la verdadera situación de la persona. Hasta que el tratamiento comience a actuar, la persona que sufre de depresión debe:
• limitar sus compromisos;
• establecer objetivos y expectativas reales;
• compartir tiempo con otras personas;
• participar en actividades de las que disfrute;
• solicitar los consejos de buenos amigos o de la familia antes de tomar decisiones importantes;
• darse cuenta que no saldrán de la depresión “por sí solos”
• y pensar positivamente y tratar de alejar los pensamientos negativos.

Como pueden ayudar la familia y los amigos.

Lo más importante que la familia y los amigos pueden hacer por la persona con depresión es ayudarla a obtener tratamiento. Pueden hacerlo alentando al paciente a continuar con el tratamiento, acompañándolo al médico e incluso controlando que el paciente tome los medicamentos.Otra forma importante de ayudar es ofreciendo apoyo emocional, comprensión, paciencia, afecto y aliento. Debe escucharse siempre a la persona con depresión. No deben ignorarse los comentarios sobre suicidio; estos deben reportarse al médico inmediatamente.

FUENTE: http://www.casadesalud.com.mx/articulos/40/la-depresion/

martes, 5 de julio de 2016

¿Mamá o papá tiene trastorno bipolar? Mantenga el estrés bajo control

Los niños cuya madre o padre está perjudicado por el trastorno bipolar pueden necesitar mantener bajo control sus niveles de estrés. Una nueva investigación internacional, dirigido por la Universidad de Concordia, sugiere que el cortisol, la hormona del estrés, es un influyente clave en el trastorno del estado de ánimo. Los resultados publicados en la revista Psychological Medicine, son los primeros en enseñar que el cortisol se eleva más rápido en estos niños, en respuesta a los factores estresantes de la vida cotidiana normal.

"La investigación  ha demostrado que los infantes de padres con trastorno bipolar son cuatro veces más propensos a evolucionar trastornos del ánimo versus los de padres sin esa condición", dice el autor principal, Marcos Ellenbogen, de la Cátedra de Investigación Canadiense en progreso de Psicopatología en la Universidad Concordia y miembro del Centro de Investigación en Desarrollo Humano (CIDH). "El objetivo de nuestro estudio fue determinar cómo sucede esto."

El cortisol, la hormona propensa
Ellenbogen y sus colegas habían demostrado anteriormente que los niveles de cortisol en los infantes con un padre afectado por el trastorno bipolar eran más altos que los de los niños cuyos padres no estaban perjudicado por la condición de bipolar. El estudio actual midió los niveles de cortisol en estos mismos individuos durante los tiempo de estrés crónico y episódico. En ambas circunstancias, los hijos de padres con trastorno bipolar demostraron un mayor incremento en el cortisol en comparación con los niños con padres sin el trastorno.

"Nuestro estudio demuestra que los niños perjudicados son biológicamente más sensibles a la experiencia de estrés en su ámbito natural y normal en comparación con los compañeros no afectados", dijo Ellenbogen. "Esta mayor reactividad al estrés podría ser una explicación de por qué estos infantes terminan desarrollando trastornos y es un claro factor de riesgo para enfermarse más adelante."

"Pensamos que pudiéramos estar empezando a entender dónde podemos intervenir para prever que este aumento de la sensibilidad se convierta en trastorno bipolar ", continúa Ellenbogen. "Creemos que esta sensibilidad se progresa durante la infancia y sospechamos que tendría un impacto profundo si pudieramos enseñar a los padres y a sus hijos sobre cómo batallar contra el estrés, cómo lidiar con los problemas antes de que se conviertan en factores de estrés más sobresalientes y en dificultades. "

Sobre el cortisol

El cortisol es una hormona que es producida por el cuerpo en respuesta a la ansiedad. Los investigadores utilizan el cortisol para evaluar la respuesta biológica al estrés.

Sobre el trastorno bipolar


También conocido como trastorno maníaco depresivo, es una enfermedad tratable caracterizada por cambios exaltado en el estado de ánimo, pensamiento, energía y comportamiento. El trastorno bipolar también se entiende como trastorno maníaco depresivo, porque el estado de ánimo de una persona puede alternar entre la manía (altos) y depresión (bajos). Estos canbios en el estado de ánimo, o "cambios de humor," puede durar horas, días, semanas o meses.

Socios en la investigación

Este trabajo fue financiado Canadian Institutes of Health Research, the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada and the Fonds du Québec en Recherche sur la Société de la Culture.


Sobre el estudio

El documento, "Sensibilidad al estres entre los descendientes de padres con trastorno bipolar: un estudio de los niveles de cortisol durante el día," fue co-escrito por CS Ostiguy, MA Ellenbogen de la Universidad de Concordia; C.-D. Walker, del Centro de Investigación del Hospital Douglas y la Universidad McGill, EF Walker de la Universidad de Emory; S Hodgins de King's College de Londres, de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Montreal.

viernes, 1 de julio de 2016

domingo, 26 de junio de 2016

jueves, 23 de junio de 2016

miércoles, 15 de junio de 2016

Depresión: más casos de un mal que estigmatiza



UN DESORDEN ALTAMENTE DISCAPACITANTE

A pesar de la alta prevalencia que tiene, con estimaciones que indican que entre el 8 y el 12 por ciento de la población del mundo sufrirá al menos un episodio a lo largo de su vida, la depresión es una enfermedad que no solo crece, sino que también, según los especialistas, es muy estigmatizante para quienes la padecen, además de ser incapacitante y en muchos casos, recurrente. 

“Lamentablemente, tener cualquier enfermedad en donde se pone en juego la salud mental sigue siendo estigmatizante”, señala el médico psiquiatra Marcelo Bakmas, del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro-Argentina: “La idea de que se trata de una enfermedad de señoras bien es absolutamente falso, afecta a todas las clases sociales, a todas las edades y a ambos sexos, a pesar de que haya una mayor prevalencia entre las mujeres. 



El tema es que probablemente una persona de bajos recursos no pueda quedarse en la cama tirado porque pierde su trabajo, pero esto no implica que no esté deprimido y, además, son las personas que menos alternativas tendrán para superar la crisis”, sostuvo Bakmas. 

En el mismo sentido, Roberto Ré, médico y presidente de la Red Sanar-Argentina, sostuvo que “la depresión es una enfermedad del cerebro y en el cerebro, y estas enfermedades tienen una historia de estigmatización, ya que quienes la padecen han llegado hasta a ser aislados”. 

“Durante estos años hemos aprendido mucho sobre las enfermedades mentales, pero queda mucho por educar, y la gente sigue estigmatizando a la persona que tiene depresión, buscando ver por qué le pasó, intentando encontrar cosas ocultas, y esto es producto de la ignorancia”, apuntó Ré. 

UN DESORDEN MULTIDIMENSIONAL 

La depresión es un desorden multidimensional que afecta a la persona en todos sus aspectos: el emocional, el físico y el cognitivo, e interfiere en su posibilidad de funcionamiento. “El disparador es el distrés -explicó el doctor Ré- es decir, una tensión excesiva, irracional y desadaptativa que provoca la desregulación de los neurotransmisores. 

En conclusión, es una enfermedad biológica altamente discapacitante”. “No hay que quedarse con la mirada de que ‘hay que atender el problema porque una persona deprimida no puede trabajar y entonces afecta al sistema de producción’ -señaló por su parte Bakmas- hay que entender que se trata de un sujeto que no puede cumplir con sus tareas de padre o madre, de amigo, de esposo o esposa, es decir, a todas sus dimensiones”. 

En cuanto a los síntomas emocionales, los médicos mencionan tristeza, incapacidad de disfrute, pesimismo, baja autoestima y puede o no aparecer ansiedad, mientras que en lo referente a lo físico la depresión se traduce en fatiga o pérdida de energía, pérdida del interés sexual, aumento o pérdida de peso y alteración del sueño. 

“Hay un tercer componente -describió Bakmas- que son los síntomas cognitivos que recién hace unos pocos años comenzó a tenerse en cuenta, que es tan importante como los factores emocionales y que implica una lentitud en el pensamiento, el lenguaje y los aspectos motores, una disminución de la concentración, una incapacidad de tomar decisiones y una disminución de la capacidad de aprendizaje”. 

LAS RECAÍDAS 

“Es tan subestimado el tema de los síntomas cognitivos -añadió- que se ha comprobado que el 72 por ciento de las personas que han tenido una depresión pueden sufrir una recaída como consecuencia de haber sido desatendido este aspecto”. Mientras tanto, una encuesta realizada por la Asociación Europea de Depresión, arrojó que más del 60% de los trabajadores encuestados declararon que no informarían a su empleador en caso de ser diagnosticados por depresión.

350 millones De acuerdo a cifras de la OMS, la depresión es una de la afecciones más frecuentes en salud mental: se estima que 350 millones de personas en el mundo tuvieron, tienen o tendrán esta enfermedad.

Insomnio adolescente se relaciona con la depresión y la ansiedad

Un estudio en estudiantes de secundaria realizado por profesionales en salud mental de la Universidad de Adelaide ha arrojado nueva luz sobre los vínculos entre las condiciones de salud mental relacionados con el insomnio, entre los adolescentes.
El equipo a cargo del Dr. Pasquale Alvaro encuestó a más de 300 estudiantes de secundaria de Australia 12-18 años de edad para entender mejor sus hábitos de sueño, problemas de salud mental y la hora del día que eran más activos (conocida como su "cronotipo").
Los resultados, publicados ahora en la revista  Sleep Medicine , pueden tener implicaciones para el tratamiento clínico de los adolescentes que experimentan problemas de sueño y de salud mental.
"Las personas con insomnio tienen dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido durante el tiempo que lo necesitan. Se trata de un trastorno del sueño muy extendida entre el público en general, y en la mayoría de los países alrededor del 11% de los adolescentes de 13 a 16 años de experiencia insomnio en algún momento ", dice el Dr. Alvaro.
"Hay una creciente conciencia entre la comunidad científica de que los trastornos de insomnio, depresión y ansiedad están relacionados unos con otros, y estos trastornos contiene neurobiológico superposición, psicológico y factores de riesgo social.
"Tener insomnio, además de la ansiedad o la depresión puede intensificar aún más los problemas que experimentan con cada trastorno individual. Puede conducir a problemas tales como el alcohol y el uso indebido de drogas durante la adolescencia ", dice.
Estudio del Sr. Alvaro encontró que la presencia de insomnio se vinculó de forma independiente con la depresión, trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de pánico entre los adolescentes.
Los adolescentes que fueron más activos en las noches eran más propensas a tener depresión y / o insomnio. Este grupo fue también más propensos a tener el trastorno obsesivo-compulsivo, la ansiedad de separación, y fobia social, aunque estos trastornos a menudo no están vinculados de forma independiente con el insomnio.
"Estos hallazgos sugieren que la cronotipo 'vespertinidad' - ser más activo en las noches - es un factor de riesgo independiente para el insomnio y la depresión. Esto es importante porque los adolescentes tienden a desarrollar una preferencia por las noches, que a veces se convierte en un síndrome por el que mantienen retrasar ir a dormir ", dice el Dr. Alvaro.
"Sobre la base de nuestra evidencia, creemos que los esfuerzos de prevención y tratamiento para el insomnio y la depresión deberían considerar esta combinación de la salud mental, el sueño y la cronotipo vespertinidad, además de los principales enfoques de comportamiento actuales.Prevención y tratamiento esfuerzos para subtipos de ansiedad también deben considerar centrándose en el insomnio y la depresión ".
Fuente: http://www.psypost.org/

martes, 14 de junio de 2016

Las personas con depresión pueden ser más propensas a desarrollar Parkinson

Las personas con depresión pueden ser más propensas a desarrollar la enfermedad de Parkinson, según un amplio estudio publicado este miércoles en la edición digital de 'Neurology', revista médica de la Academia Americana de Neurología.


"Vimos este vínculo entre la depresión y la enfermedad de Parkinson durante más de un intervalo de tiempo de más de dos décadas, por lo que la depresión puede ser un síntoma muy precoz de la enfermedad de Parkinson o un factor de riesgo para la enfermedad", afirma el autor del estudio Peter Nordström, de la Universidad de Umea, en Suecia.

Los investigadores también analizaron hermanos y encontraron que no había relación entre un hermano que tiene depresión y el otro Parkinson. "Este hallazgo nos da más pruebas de que estas dos enfermedades están relacionadas --apunta Nordström--. Si las enfermedades eran independientes entre sí pero causadas por los mismos factores ambientales o genéticos tempranos, entonces esperaríamos ver ambas enfermedades juntas en los hermanos, pero eso no sucedió".

Para el estudio, los investigadores comenzaron con todos los ciudadanos suecos mayores de 50 años a finales de 2005. A partir de eso, se quedaron con las 140.688 personas que fueron diagnosticadas con depresión entre 1987 y 2012. Estas personas fueron emparejadas con tres participantes del grupo control del mismo sexo y año de nacimiento que no habían sido diagnosticados con depresión, con un total de 421.718 participantes de control.

Los participantes fueron seguidos durante un máximo de 26 años, tiempo en el que 1.485 personas con depresión desarrollaron la enfermedad de Parkinson, o un 1,1 por ciento, mientras que 1.775 personas, o el 0,4 por ciento de los que no sufrían depresión, desarrolló Parkinson. La enfermedad de Parkinson fue diagnosticada una media de 4,5 años después del inicio del estudio y la probabilidad de desarrollar Parkinson disminuyó con el tiempo.

Las personas con depresión fueron 3,2 veces más propensas a desarrollar la enfermedad de Parkinson dentro de un año después del inicio del estudio que las personas que no tenían depresión. Entre 15 y 25 años después de que el trabajo comenzara, los participantes con depresión presentaban un 50 por ciento más de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

Los individuos con casos más graves de depresión también eran más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson y quienes habían sido hospitalizados por depresión cinco o más veces registraban un 40 por ciento más de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que aquellos que habían sido hospitalizados por depresión sólo una vez. Las personas hospitalizadas por depresión tenían también 3,5 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que quienes habían sido tratados para la depresión como pacientes ambulatorios.

La relación entre la depresión y la enfermedad de Parkinson no cambió cuando los investigadores ajustaron por otros tratornos relacionadas con la depresión, como la lesión traumática cerebral, el accidente cerebrovascular y el abuso de alcohol y drogas.

Fuente: www.canarias7.es

lunes, 13 de junio de 2016

Cómo hacer un listado de señales de alarma de manía o depresión

Debemos escoger diez síntomas de alarma o pródromos que sean conductas, no pensamientos ni sentimientos. Las conductas son más fáciles de detectar y se relacionan con las emociones. Es más fácil, por ejemplo, medir cuántos cafés se ha tomado en un día (conducta objetiva) que si está irritable (sentimiento difícil de medir). Ésta es una forma rápida que le permitirá medir su estado de ánimo de una forma objetiva.

Esta lista deberá contener conductas que antecedan a la enfermedad, pero que no sean síntomas de la misma, dado que si son síntomas será demasiado tarde para hacer un tratamiento precoz.

Características que debe tener un pródromo:
  1. Debe ser una conducta: algo que hace o que deja de hacer. No poner pensamientos ni sentimientos 
  2. Esta conducta debe representar un cambio apreciable para usted 
  3. Debe aparecer de forma regular algunos días antes de la descompensación 
  4. La conducta debe ser concreta y referida al día de hoy 
Vemos un ejemplo de pródromos de manía (no siempre debe ser así ni en la misma medida):
  • Dormir menos de 6 horas (normalmente duerme ocho horas)
  • Tomar más de cinco cafés en un día (normalmente toma 3 como máximo)
  • Fumar más de 10 cigarrillos/día (habitualmente fuma 7 cigarrillos/día)
  • Saltarse una comida (habitualmente nunca se salta ninguna comida)
  • Ir al gimnasio cuatro veces a la semana (normalmente va dos días)
  • Quedar con más de dos chicos a la semana (habitualmente puede quedar con un chico)
  • Conectarse a Internet para chatear cada noche antes de acostarse (normalmente antes de acostarse lee un libro)
  • Realizar más de cinco llamadas al día (lo habitual es que llame dos/tres veces)
  • Quedar dos noches entre semana con amigos (habitualmente no queda entre semana)
  • Iniciar conversaciones con personas de poca confianza (en eutímia no lo hace)
Ejemplo de pródromos de depresión:
  • Se viste con chándal (habitualmente se viste más arreglado)
  • No devuelve las llamadas de teléfono (normalmente siempre lo hace)
  • Descienden los contactos sexuales con su pareja a una vez a la semana (lo habitual es que tengan tres contactos sexuales a la semana)
  • Deja de hacerse la cama (siempre se la hace)
  • Empieza a dejar de ducharse, en una semana no se ducha tres días (en eutimia se ducha cada día)
  • Se acuesta antes de las 23 h. (habitualmente se va a dormir a las 24h)
  • No se levanta cuando suena el despertador (siempre se pone el despertador y no tiene dificultades para despertarse)
  • Sólo va al gimnasio un día a la semana (lo habitual es que vaya tres veces)
  • Deja de escuchar música en su coche (habitualmente siempre pone la radio)
  • Deja de lavarse los dientes (en eutimia se lava los dientes tres veces al día)
Un aspecto fundamental en el tratamiento del trastorno bipolar es la detección precoz de los síntomas de alarma (denominados en medicina como pródromos). En los grupos de psicoeducación se enseña a las personas con trastorno bipolar a detectar estos síntomas precoces para poder actuar rápidamente ante una recaída. Veamos cómo hacer este listado y cómo se debe utilizar.
Cuando haya terminado la lista puede crear una "tarjeta apagafuegos", en la que constará por un lado el nombre y teléfono de contacto de su psiquiatra y por el otro lado el listado de pródromos de hipomanía/manía y depresión.

Esta tarjeta se debe poner en un lugar visible para poder repasarla cada día. Si tiene tres pródromos del listado, debe poner en marcha el siguiente plan de emergencia:
  1. Confirmar o descartar que está iniciando un inicio de hipomanía/manía o de depresión. Para este paso debe contar con su persona de referencia que es una persona que debe conocer el trastorno bipolar, conocer cuáles son sus síntomas de recaída, ser una persona de su confianza y que tengan bastante contacto. Si confirmamos que estamos iniciando una fase de hipomanía/manía o depresión pasamos al siguiente paso, si no es así, seguiremos observando nuestro estado de ánimo durante los días siguientes. 
  2. Contactar con su terapeuta (psiquiatra o psicólogo) para acabar de confirmar el inicio del episodio y qué medidas farmacológicas o conductuales son adecuadas.
En esta noticia hemos explicado la importancia de que la persona con trastorno bipolar y su persona de referencia detecten posibles señales de recaída de la enfermedad. Para ello, hemos detallado cómo se hace el listado de señales de alarma o pródromos y cómo actuar en caso de que tenga tres señales de alarma o más. De esta forma, detectando precozmente, podemos evitar una recaída.

Bibliografía
  • Colom, F. Vieta, E.El trastorno bipolar. Superando los altibajos del ánimo. Una guía para profesionales, familias y pacientes. Morales y Torres. Barcelona, 2006.

Fuente: http://www.forumclinic.org/

domingo, 12 de junio de 2016

¿Por qué me deprimo?

“¿Por qué me deprimo?”. Es la pregunta que Carmen se hacía todas las mañanas desde ese día aciago en “que no se podía levantar”. En un intento por ‘justificar’ su estado pensaba en la presión asistencial de su trabajo (trabaja de enfermera en un gran hospital), los problemas con los hijos (uno de ellos tenía dificultades escolares) o la incomprensión cada vez más frecuente con su marido. ¿Justificaban esas circunstancias su estado deprimido? 

Vivimos bajo el paraguas del determinismo. Así afirmamos: “Me deprimo porque mi padre era una persona depresiva”, o “estoy deprimido por las circunstancias adversas familiares o laborales”, o “estoy deprimido, pues ha fallecido mi madre o porque me han diagnosticado una enfermedad grave”, etc.

De esta forma ‘justificarnos’ nuestro estado deprimido y, al ‘identificar’ una causa, nos sentimos menos angustiados. Pero la depresión clínica es multidi­mensional, y en todo caso su origen es complejo. 

Es curioso detectar que este determinismo de nuestra conducta que defendemos en el campo de la psicología ni siquiera las ciencias físicas lo admiten para sus fenómenos, al menos después del “principio de indeterminación” de Heisenberg, entre otros. Es decir, si el mundo material es complejo y sus efectos no son consecuencia de una sola causa, con mayor razón podemos afirmar que el mundo psíquico es mucho más inconsistente y mucho menos previsible, y por lo tanto el origen de nuestra conducta es multifactorial. 

El ser humano se va construyendo a lo largo de su propia biografía por los impactos internos y externos que va recibiendo a lo largo de su vida. Es cierto que las experiencias traumáticas vividas en la infancia influyen en las características de la personalidad del adulto, pero también es cierto que lo más importante es cómo se viven esas experiencias, lo que posibilitará un desarrollo sano o enfermo.



Lo determinante, pues, no es la experiencia en sí (por muy traumática que sea, aunque, a mayor gravedad, más dificultad para cicatrizar la herida), sino cómo cada persona la incorpora a su propia experiencia. Podemos afirmar, por tanto, que el desarrollo del niño no está determinado por los problemas que haya vivido, sino por cómo los ha elaborado. Por eso, dos niños que hayan vivido traumas semejantes (abusos, malos tratos, etc.) pueden evolucionar de forma muy diferente: uno puede padecer una depresión de adulto y otro no.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podemos hacernos la pregunta: ¿por qué 'se me cruzan los cables' y me deprimo? Dependiendo de la orienta­ción psicológica en que nos situemos, nos surgirán di­ferentes respuestas. Así, los psicólogos y psiquiatras de orientación biológica dirán que es consecuencia del descenso de serotonina, noradrenalina o dopamina, neurotransmisores que tenemos en las sinapsis cere­brales. Sin embargo, los profesionales más de orienta­ción psicológica insistirán en que la persona se depri­me, de forma clínica, por la falta de recursos personales y grupales para afrontar la situación traumática o el propio discurrir por la vida.

Existe tanta implicación entre ambas teorías que es difícil decantarse por una de ellas. Por mi parte, considero que la verdad está en la conjunción de ambas posturas, aunque en algún tipo de depresión (por ejemplo la depresión mayor)­ primarán los aspectos biológicos e incluso la vulnera­bilidad genética, y en otras depresiones (cuadros adaptativos y depresión neurótica o distimia, entre otras) predominarán los factores psicológicos (perso­nalidad, etc.) y sociales (contexto grupal y familiar).

Teoría de los tres impactos en la enfermedad depresiva


El origen de la enfermedad depresiva es, por tanto, multifactorial y, aunque desconocemos la causa de la depresión, sí sabemos que diversas cir­cunstancias influyen en su aparición. Para que el puzle de la depresión se constituya son necesarias diversas piezas o factores, y además que encajen per­fectamente. Esto es lo que hemos denominado la teo­ría de los tres impactos: vulnerabilidad genética, vulne­rabilidad psicosocial y, en ocasiones, la aparición de un acontecimiento estresor.



La vulnerabilidad

El concepto de vulnerabilidad, tal como lo describe el Diccionario de la Real Academia Española, se refiere a la cualidad de vulnerable, es decir, la posibilidad de ser herido o recibir alguna lesión física o moral. La vulnerabilidad es una cualidad inherente al ser hu­mano. No existe la persona invulnerable, pues todos somos finitos e imperfectos, pero lo que sí es cierto es que existen gradientes de vulnerabilidad. Es decir, existen sujetos más vulnerables que otros, y también la esencia de la vulnerabilidad es diferente: así, por ejemplo, uno puede ser más vulnerable a la depresión y otro a la esquizofrenia, y un tercero puede ser más vulnerable a las enfermedades psicosomáticas.

El concepto de vulnerabilidad se utiliza en sociolo­gía, en medicina, en el ejército y en psicología. En esta última acepción es donde nosotros nos situamos. De alguna manera, la vulnerabilidad (genética, psi­cológica o social) es la base de la enfermedad mental: en las psicosis, la vulnerabilidad tiene un soporte más genético y en los cuadros neuróticos, más psicosocial. 

La vulnerabilidad genética en la depresión


Recuerdo que, durante mi formación como psiquia­tra, hace más de treinta años, al plantearse el origen de las enfermedades psiquiátricas siempre se con­templaba lo que entonces se llamaba la “predisposi­ción genética”. Así se afirmaba que, en los grandes cuadros psicopatológicos (psicosis y depresión endó­gena), podríamos intuir que existían personas con más riesgo que otras para desarrollar la enfermedad mental. Por ejemplo, hijos de padres esquizofrénicos o depresivos. Se ha comprobado que estas enferme­dades son más frecuentes cuando los dos progenito­res han padecido la enfermedad. Y aunque nunca se ha podido concretar con exactitud en qué consiste esta "predispo­sición", es cierto que se puede defender cierta vulne­rabilidad con respecto a la psicosis y la depresión.

No es un factor determinante para la aparición de la en­fermedad, pero lo cierto es que existe más riesgo en esas situaciones que en otras. Es decir, no es una transmisión directa mendeliana, como ocurre con al­gunos aspectos físicos de la persona (el color de los ojos, la altura, etc.), sino que puede aparecer o no la enfermedad psicótica o depresiva, ya que va a depen­der también de otros factores (psicosociales y de la entidad del factor estresor).

Podemos concluir, pues, que la herencia genética, aunque es importante en el origen de la depresión, no es suficiente para que se produzca la enfermedad depresiva; se necesita de los impactos siguientes: vulnerabilidad psicosocial y/o un factor estresor.

En lo que todos los autores están de acuerdo es que en los episodios depresivos se constata una disfun­ción de los circuitos de noradrenalina, serotonina y dopamina del sistema nervioso central, junto con cambios profundos en el funcionamiento del tallo ce­rebral, el hipotálamo y las estructuras del sistema límbico. 

Lo que aún desconocemos es si este desequi­librio químico tiene un origen genético, psicosocial o producido por el factor estresor.



La vulnerabilidad psicológica en la depresión


Hace referencia a los recursos psicológicos que el su­jeto tiene o no para afrontar los diferentes acontecimientos traumáticos de su vida. Seremos más vulne­rables a padecer una depresión cuando nuestro nivel de salud mental sea más precario. En definitiva, nuestro gradiente de salud mental se relaciona inversamente con nuestra vulnerabilidad: a mayor índice de salud mental, menos posibilidad de padecer una enfermedad depresiva. Es decir, cuanto mayor sea nuestra autoestima, nuestras habilidades sociales, la capacidad de buscar soluciones a los problemas, etc., menor riesgo tendremos de caer en la depresión. Y, por el con­trario, si tenemos baja autoestima, alguna psicopato­logía o rigidez cognitiva, entre otras características, el riesgo es mayor.

Algunas personas son más proclives a desarrollar una depresión, es decir, tienen una personalidad que es más vulnerable a esta enfermedad. Es lo que pode­mos denominar personalidad depresiva.

La personalidad depresiva no siempre muestra tristeza, sino que se puede definir como apática o incapaz de sentir que su vida tenga sentido. Por eso la desesperanza es el ‘motor’ de su existen­cia. A veces este estado queda reflejado en frases como “me siento vacío” o “no tengo futuro”.

La persona depresiva siente el peso de lo cotidiano, que contempla siempre en negro. No sabe distinguir y alimentarse de los matices de la vida: un abrazo, una sonrisa o una buena acción, por poner solamente algunos ejemplos. La monotonía impregna toda su existencia. Se siente como extraña en su medio fami­liar, social o laboral.

Entre los rasgos característicos de las personas depresivas señalamos los siguientes:

# 1.- Baja tolerancia a la frustración

La vida es lucha, tensión, con una pizca de sufrimiento. El niño debe ir aceptando las frustraciones diarias (el olvido de un compañero en la celebración de su cumpleaños, la ca­rencia de un juguete, etc.), para que de adulto no sea excesivamente vulnerable a cualquier situación con­flictiva (paro, ruptura sentimental, etc.). Es una for­ma de fortalecer el yo y, consecuentemente, contem­plar al otro no como un enemigo, sino como un compañero de camino (con sus más y sus menos) en el arduo viaje de la vida.

Es necesario que ayudemos a nuestros hijos a ir asumiendo las frustraciones de la vida. ¿Cómo? No sobreprotegiéndoles de tal modo que nada de lo material se les niegue y crean que tienen derecho a todo porque son ‘el ombligo del mundo’.

#2.- Perfeccionismo

Es frecuente que las personas depresivas tengan un superyó muy rígido y muy exigente. Son muy cumplidores, autoexigentes, sin sentido del humor y perfeccionistas. Desean tener la ‘familia perfecta’, el ‘trabajo per­fecto’, los ‘amigos perfectos’ e incluso el ‘cuerpo perfecto’. Como esto no se puede conseguir, se de­primen al no conseguir sus elevadas expectativas. Son, con frecuencia, personas insatisfechas, pues nunca están contentas con lo que tienen o con lo que han conseguido, lo que produce culpa, al sentir que han fallado, y consiguientemente se deprimen.

# 3.- Dependencia del cariño de los demás

Es evidente que necesitamos al otro para conseguir nuestro bienestar. Cuanto más nos sintamos reconocidos y alabados por nuestro entorno, mejor. Pero no po­demos depender del cariño ajeno. Por eso, muchas personas se deprimen al constatar que los demás -familiares y amigos- no les muestran el amor que esperaban.

# 4.- Dificultad en expresar la agresividad

Es preciso enseñar a nuestros hijos a reconocer sus sentimien­tos (positivos y negativos) para que puedan expresar­los o canalizarlos de forma adecuada.

Si una persona no es capaz de poner palabras a su sentimiento de agresividad, éste se vuelve contra sí mis­ma y puede desarrollar una enfermedad depresiva. Por eso algunos autores hablan de la depresión como una forma de autoagresión, y la psicopatía como una forma de agredir al otro.

# 5.- Baja autoestima

Nathaniel Branden, psicoterapeuta ca­nadiense, da la siguiente definición de autoestima:

La autoestima plenamente consumada es la expe­riencia fundamental de que podemos llevar una vida significativa y cumplir sus exigencias. Más concreta­mente podemos decir que la autoestima es lo siguiente:

1) La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.

2) La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos y de tener derecho a afirmar nuestras nece­sidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.


Es decir, si no tenemos confianza en nuestras pro­pias capacidades para enfrentarnos a los factores estresores cotidianos y renunciamos a ser felices, esta­mos favoreciendo la aparición de una depresión clínica que confirme nuestros miedos: “No valgo para nada”.

La autoestima supone creer en uno mismo y no de­jarse anular por el criterio del vecino o del amigo, pero tampoco aferrarse a una idea por el te­mor a dar una imagen de debilidad o inseguridad. Es el punto medio entre la tozudez y la falta de criterios.

De forma didáctica podemos distinguir dos moda­lidades de autoestima: la esencial y la situacional. Un ejemplo de la primera es Francisca, un ama de casa feliz con su tarea, que se siente amada y respetada por los suyos. Decía en una ocasión: “Soy feliz, pues siento que mis hijos me quieren y mi marido compar­te conmigo todas sus penas y alegrías; mis sentimientos los puedo poner en común con ellos”.

Este aspecto de la autoestima es como los cimien­tos de la construcción de la propia existencia. Si falla, nunca encontraremos paz y felicidad. Sobre ella se construye la propia vida y es también el soporte de la confianza de hacer bien la tarea profesional (autoes­tima situacional).

En definitiva, el trípode sobre el que descansa la vi­vencia de autoestima se puede formular así: soy valioso, soy digno de que me amen y soy libre

Para que el niño fortalezca su autoestima, es imprescindi­ble que vaya construyendo su propia existencia sobre el convencimiento de que tiene valor en sí (no por lo que hace y tiene), y esto le convierte en un obje­to de amor y cariño, al mismo tiempo que le permite ser libre, sobre todo en sentir y poder expresar con palabras sus sentimientos positivos y negativos.

A veces, pese a un buen clima psicológico, el indivi­duo no ha conseguido una alta autoestima porque no ha sabido o no ha podido procesar esas vivencias po­sitivas; entonces el fantasma de la insatisfacción y angustia se puede hacer presente en forma de una enfermedad depresiva.

La vulnerabilidad social en la depresión


El grupo social (familia, escuela, amigos) va troque­lando al sujeto y es una influencia significativa en su conducta. El individuo, como ser social, está entrela­zado con el comportamiento de los demás. Esos es­trechos lazos son en parte generadores de nuestros sentimientos (amor, odio, celos, etc.), pero también origen de recompensas (valoración, aprecio y afecto) y castigos (rechazo, agresión, etc.)

Cuando el grupo es estable y sano, sus miembros se enriquecen psicológicamente; cuando el grupo es dis­funcional puede dificultar el bienestar psíquico del sujeto. De ahí la importancia de convivir en una fami­lia, escuela, etc., que transmita valores positivos. En estos casos, el grupo se convierte en un buen soporte para afrontar la depresión o cualquier adversidad.

Por el contrario, si el grupo es disfuncional (graves conflictos de convivencia, agresividad, adicciones…), favorecerá la aparición de enfermedades mentales, y entre las más frecuentes se encuentra la enfermedad depresiva.

A este respecto recuerdo una sentencia de Séneca que dice así: “No importa qué, sino cómo se sufre”, que podemos completar diciendo: “No importa qué, sino cómo se sufre y con quién se sufre”.

Factores estresores en la depresión

Podemos definir el factor estresor como cualquier situación o suceso familiar, personal o social que pro­voca estrés. Así, el paro, la enfermedad de un familiar, el diagnóstico de enfermedad mortal, una violación, etc., son factores estresores que pueden provocar el desequilibrio emocional de la persona.

Las conse­cuencias del factor estresor están en función de dos parámetros: la característica del propio factor estre­sor (más o menos intenso, inesperado o no, etc.) y la personalidad del sujeto (con alta o baja autoestima, dificultades o no de interacción con los demás, etc.). En definitiva, su gradiente de salud mental. Cuanto más sanos seamos mentalmente, mejor sabremos responder a los factores estresores.

A veces el factor estresor no es identificable. Es el caso de Carmen, el personaje de nuestra historia, que me pregunta: “Doctor, ¿por qué me deprimo?”, ya que no reconoce ningún acontecimiento traumático reciente y, por tanto, no puede “identificar” el origen de su depresión. Con frecuencia pueden intervenir factores “microestresores” (malestar generalizado, frustra­ciones...) cuya suma pueden desencadenar la depre­sión; otras veces no se identifica en el nivel conscien­te ninguna causa, pero profundizando podremos encontrar experiencias no resueltas o traumas repri­midos y no elaborados.

Cómo prevenir la depresión 

En definitiva, la enfermedad depresiva es un juego de fuerzas que abarca desde la vulnerabilidad genética, pasando por la propia personalidad del sujeto, que se ha ido fraguando a lo largo de su biografía, así como la entidad del grupo social y familiar donde se desarro­lla, y por último, en algunos casos, el acontecimiento vital que se ha producido en los seis meses anteriores:muerte de un familiar, sentirse rechazado, minusvalo­rado, etc. No obstante, dependiendo de la entidad del cuadro depresivo, tendrá más o menos importancia cada uno de los tres impactos ante descritos.

En algunas ocasiones, la vulnerabilidad genética constituye el factor principal, como ocurre en la de­presión mayor, el trastorno bipolar, la ciclotimia y el trastorno esquizoafectivo; en otras ocasiones (depre­sión situativa, depresión neurótica y depresión so­matógena), la situación psicológica y social de la per­sona será lo más significativo; y, por último, en ocasiones el factor estresor (muerte de un familiar, pérdida de trabajo, ruptura sentimental, diagnóstico de enfermedad mortal, etc.) constituirá el factor de­cisivo para que la enfermedad depresiva aparezca. 

Podemos señalar que una consecuencia de esta teoría de los tres impactos es la importancia de la prevención para evitar la enfermedad depresiva. Es evidente que el primer impacto (la vulnerabilidad ge­nética), con los conocimientos actuales, no podemos modificarlo (nacemos con una carga genética deter­minada y además desconocemos en qué consiste la esencia de esa vulnerabilidad); ni tampoco, en mu­chas ocasiones, podemos evitar el tercer impacto (acontecimiento traumático). 

Por tanto, solo pode­mos incidir en favorecer un desarrollo sano de la per­sonalidad y posibilitar un encuadre grupal (familiar y social) que sea acogedor y ayude al crecimiento psicológico del individuo. De aquí se deduce la importancia de la prevención en salud mental para disminuir la aparición de nuevos cuadros depresivos.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza.