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miércoles, 6 de julio de 2016

Correlación entre impulsividad, temperamento, carácter y performance neurocognitiva en pacientes bipolares eutímicos



Introducción  

El trastorno bipolar, cuya prevalencia en la población general es del 1%, ha sido considerado tradicionalmente como una enfermedad de buen pronóstico a largo plazo. Sin embargo, la literatura disponible ha demostrado que un gran porcentaje de los pacientes bipolares presentan un curso severo de la enfermedad, con tasas altas de recaídas, síntomas residuales, deterioro funcional y cognitivo, cronicidad y discapacidad social (Najt 2007; Goodwin, 2007). La impulsividad es un componente frecuente en el curso del trastorno bipolar en sus distintas fases, por lo que ha sido propuesta como una característica central de la enfermedad (Najt, 2007). En relación a los intentos de suicidio, del 10 al 20% de los pacientes bipolares logran su cometido (Gonda, 2012).

La impulsividad es un concepto complejo y tiene implicancias sociales en temas como la violencia, la conducta de riesgo y la adaptación social (Folino, 2006). La definición de impulsividad varía de acuerdo a los distintos estudios publicados e incluye conceptos como fallar en la evaluación de una situación riesgosa o peligrosa, actuar sin pensar, incapacidad para planear actividades, tendencia a responder rápidamente a estímulos casi sin inhibir las respuestas, incapacidad para inhibir la conducta cuando la inhibición es la respuesta adecuada y la falla en el umbral de respuesta que lleva al castigo o al déficit en el aprendizaje de la evitación pasiva. Es un rasgo que socava la estabilidad anímica, agrava los trastornos conductuales sociados con la labilidad anímica y resulta en acciones caracterizadas por la falta de reflexión previa. Así, la impulsividad se transforma en un gran problema clínico y de la salud pública ya que está asociada a mayor morbilidad, deterioro en las esferas familiar, social y laboral, accidentes,
suicidios y violencia (Najt, 2007).

En el trastorno bipolar, la impulsividad se vuelve especialmente importante en la fase de manía, aunque también puede aparecer durante la eutimia y fase depresiva. Esto sugiere que la impulsividad en el trastorno bipolar podría tener un componente dependiente del estado anímico pero también ser un rasgo de la enfermedad (McElroy, 1996). 

En diferentes estudios se ha considerado la relación entre impulsividad y funcionamiento cognitivo. En este sentido, son de gran interés las investigaciones de Swann y colaboradores (2002, 2005) en donde se observó que los antecedentes de intentos de suicidio en pacientes bipolares, se asocian con la mayor probabilidad de respuestas impulsivas en pruebas neuropsicológicas de memoria inmediata, y con menor duración de latencia en las respuestas a los estímulos de las pruebas. Estos resultados, según el mismo autor, se correlacionan positivamente con altos puntajes obtenidos en la escala de impulsividad de Barrat.

El objetivo principal de este estudio es evaluar la presencia de impulsividad clínica y su correlato a nivel de los temperamentos afectivos, de los componentes de carácter y del desempeño neuropsicológico en pacientes con trastorno bipolar en fase eutímica y que podrían constituir marcadores de rasgo para este trastorno afectivo recurrente.

Material y método

Muestra de estudio. Se evaluaron 38 pacientes ambulatorios que cumplían con criterios de diagnóstico clínico por entrevista SCID de DSM-IV-TR para trastorno bipolar tipo I o II. Todos los pacientes debían estar en eutimia, es decir, sin criterios clínicos para episodio afectivo según DSM-IV y con valores en las escalas de Young Mania Rating Scale (YMRS) menor a 6 puntos y de Hamilton Depression Rating Scale (HAM-D) menor a 8 puntos. Todos los sujetos debían ser mayores de 18 y menores de 65 años con consentimiento informado firmado. Los criterios de exclusión para este estudio abarcaban un nivel de coeficiente intelectual menor a 85, patología neurológica o clínica severas, abuso de sustancias como patología primaria o presencia de un trastorno de personalidad significativo.

Evaluación clínica de la impulsividad. Se realizó a través de la escala de impulsividad autoaplicada de Barratt (BIS-11). La Escala de Impulsividad de Barratt (BIS-11) en su versión 11 es una escala desarrollada a través de una línea de investigación prolongada y de ajustes de anteriores versiones. Fue diseñada por Barratt y ha sido validada en español por Oquendo y cols. Su aplicación es autoadministrada y consta de 30 ítems distribuidos en tres subescalas:

A) Impulsividad no planificada (12 ítems: 1, 3, 5, 8, 11, 14, 17, 20, 22, 25, 28 y 30).
B) Impulsividad motora (10 ítems: 2, 6, 9, 12, 15, 18, 21, 23, 26 y 29).
C) Impulsividad cognitiva (8 ítems: 4, 7, 10, 13, 16, 19, 24 y 27).

Cada uno de los ítems de esta escala tiene un formato Likert que permite cuatro posibles respuestas (raramente o nunca, ocasionalmente, a menudo y siempre o casi siempre) que puntúan como 0-1-3-4, salvo los ítems (1, 5, 6, 7, 8, 10, 11, 13, 17, 19, 22 y 23) que lo hacen al revés (4-3-1-0).La puntuación total es la suma de todos los ítems y las de las subescalas la suma de los correspondientes a cada una de ellas. Posee mayor valor la puntuación total que las de las subescalas.

No existen puntos de corte, aunque se ha propuesto la mediana de la distribución. En el estudio de validación española las medianas obtenidas en una muestra de pacientes psiquiátricos fueron: Impulsividad Cognitiva: 9,5; Impulsividad Motora: 9,5; Impulsividad no Planeada: 14; Puntuación Total: 32,5. (Bobes García y cols, 2002).

Tanto los parámetros de fiabilidad como de validez son adecuados. La consistencia interna es elevada, alrededor de 0,8. La fiabilidad Test-Retest tras dos meses es de 0,89. En el análisis factorial se han propuesto varias soluciones con 3 o 6 factores principales. En la validación en español realizada por M. Oquendo et al (2001), la equivalencia lingüística, la equivalencia conceptual y la equivalencia de la escala fueron correctas. La proporción de concordancia entre la versión inglesa y la castellana oscila entre 0,67 y 0,80.

El Cuestionario Autoaplicado de los Temperamentos Afectivos (TEMPS-A Buenos Aires) es la validación local realizada por Vázquez y cols del Temperament Evaluation of Memphis, Pisa, Paris and San Diego Autoquestionnaire- (TEMPS-A) validada en al menos 25 idiomas. TEMPS-A es una escala que incluye 110 ítems que permiten evaluar rasgos afectivos que están representados por 5 dimensiones temperamentales: depresión, ciclotimia, hipertimia, irritabilidad y ansiedad.(Vázquez, 2007)

El inventario de Temperamento y Carácter TCI 240 (TCI 240 r) desarrollado por CR Cloninger et al (1997) Del Centro de psicobiología de la Washington University School of Medicine en Saint Louis Missouri USA. El inventario está compuesto por una serie de 240 reactivos con una escala Likert de 5 opciones en formato numérico desde 1 falso a 5 verdadero, donde se le pide al sujeto investigado que puntúe cada reactivo de acuerdo a como se aplica a su modo de ser y sentir habitualmente. Una vez lleno el inventario, este se carga vía informática en la cuenta del Centro de Psicobiología y el resultado se descarga a través del mismo sitio en otra dirección. La corrección informa el puntaje bruto y el convertido con distribución T obtenido por el sujeto, informando además los resultados percentilares en las principales dimensiones del carácter y temperamento, como asimismo un informe descriptivo acerca del tipo de carácter y temperamento presentados por el sujeto y su grado de madurez. En esta investigación se empleó el acceso a la cuenta del instrumento gentileza del Prof. Dr. G. A. De Erausquin de los departamentos de Psiquiatría y Neurología de la University of South Florida (Florida USA) y coordinador del Consorcio de Investigadores en Esquizofrenia y Neurodesarrollo (Buenos Aires, Argentina).

El modelo propuesto por Cloninger establece que bajas puntuaciones en las dimensiones autodirección y cooperatividad (carácter) predicen el tener un trastorno de la personalidad, en tanto que la combinación de dimensiones temperamentales contribuyen al diagnostico diferencial de estos trastornos. 

El TCI 240 r ha sido validado en múltiples idiomas (chino, turco, italiano francés, español y otros), siendo las distribuciones temperamentales similares en diversos países, en tanto que el carácter está asociado a variaciones de acuerdo a factores culturales.

En la presente investigación, se utiliza la versión traducida al español por FernándezAranda, F., Bayón, C., Badía, A. y Aitken, A. (2004).

Evaluación Neuropsicológica. A todos los participantes les fue administrada una batería neuropsicológica orientada a evaluar distintos dominios cognitivos como atención, concentración, memoria de trabajo y funciones ejecutivas. Para la medición de cada dominio se utilizaron los siguientes instrumentos:
1) Estimación de Inteligencia premórbida: 
Subtest Vocabulario del Test de Inteligencia para Adultos de Weschler - WAIS III. Este instrumento permite valorar el grado en el que una persona ha aprendido, comprende y expresa el vocabulario. Esta prueba es una de las que más resiste el deterioro cognitivo, es
por eso que se utiliza para comparar el nivel actual de rendimiento. Además, constituye una prueba muy relacionada con la inteligencia cristalizada y fuertemente influida por la educación, el nivel sociocultural y socioeconómico del sujeto. Da cuenta de la memoria semántica además de la capacidad de formar conceptos (Lezak 1995). La elección de esta prueba se debe a que si bien los métodos tradicionalmente utilizados para la evaluación del funcionamiento premórbido han sido los tests de lectura, éstos presentan inconvenientes transculturales y aún están en fase de desarrollo en español (Baumann y Burin, 2007;
Romero 2010).

2) Funciones Ejecutivas:
Las funciones ejecutivas se constituyen por componentes de control, integración y monitoreo de aspectos metacognitivos y cognitivo-emocionales. Las habilidades de resolución de problemas, planificación, desarrollo de estrategias, memoria de trabajo, flexibilidad mental, estarían relacionadas con el área prefrontal dorso lateral cerebral y se hace referencia a ellas como funciones ejecutivas metacogntivas. La habilidad para hacer aceptable socialmente la satisfacción de necesidades e impulsos básicos, lo cual necesita de la búsqueda y generación de estrategias y el control inhibitorio de la conducta, constituyen las funciones ejecutivas emocionales que dependen de áreas ventromediales de la corteza prefrontal cerebral (Ardila y OstrowskySolis, 2008).
2.1) WCST: Wisconsin Card Sorting Test (Test de Selección de Cartas de Wisconsin - Versión computarizada). El propósito de este test consiste en valorar la habilidad para generar estrategias para resolver problemas, evaluar el razonamiento abstracto y ponderar la flexibilidad cognitiva, midiendo la habilidad para cambiar y mantener la preparación mental para una tarea de acuerdo a los estímulos que percibe visualmente. El nivel de respuestas perseverativas es un indicador de disfunción cerebral a nivel de corteza prefrontal
dorsolateral (Heaton, 1981).
2.2) Test de fluidez Fonológica (Controlled Oral Word Association Test-FAS). El objetivo consiste en evaluar la capacidad de iniciación de la generación de palabras que comiencen con una letra en particular (secuencia "F" - "A" - "S") en un período limitado de tiempo y atendiendo a restricciones de nombres, números y similar raíz. El deterioro en este test se asocia no sólo con afasia sino también con daño del lóbulo frontal, particularmente frontal izquierdo (Lezak 1995).

3) Atención/ Concentración y memoria operativa:
3.1) Test de Stroop. Este test permite medir la capacidad de una persona para cambiar de un tipo de respuesta a otro para responder a demandas novedosas e inhibir una respuesta habitual a favor de una inhabitual. Esta tarea pone a prueba procesos de flexibilidad cognitiva y resistencia a la interferencia procedente de estímulos externos.
3.2) Span de Dígitos del Test de Inteligencia para Adultos de Weschler - WAIS III- es uno de los subtests componentes de la escala verbal de la WAIS III. Por su estructura permite medir la amplitud y eficacia atencional, la retención de información a corto plazo y la habilidad para manipular mentalmente la información, lo cual corresponde a la memoria de trabajo y también a un componente de las funciones ejecutivas. Social Sciences) Versión 20 de la compañía IBM.

Resultados

De los 38 pacientes bipolares eutímicos solo se incluyeron para esta investigación aquellos sujetos que habían completado la totalidad de las pruebas (N=24). 

Los pacientes eutímicos con trastorno bipolar mostraron puntajes medios de impulsividad total más elevados, según la escala BIS 11, comparados con los sujetos no enfermos (44.6 vs. 32.5, respectivamente).

Los puntajes medios para impulsividad cognitiva y motora fueron más elevados que la reportada en los sujetos sanos (13.9 vs. 9.5 y 15.4 vs. 9.5, respectivamente). Por otra parte, los valores medios para la impulsividad no planificada fue similar entre ambos grupos (14 vs. 14.1, respectivamente).

Asimismo no se encontraron diferencias significativas para la impulsividad total ni para los diferentes ítems de la BIS 11 entre ambos subtipos de TB (ver Tablas 2a y 2b). 

En relación a la evaluación del Temperamento según los resultados obtenidos en el TCI-240, se detectó una correlación positiva entre el grado de impulsividad (BIS 11) y las facetas Extravagancia y Fatigabilidad correspondientes a las dimensiones de Búsqueda de Novedad y Evitación del Daño, respectivamente; y una correlación negativa con las facetas Dependencia, correspondiente a Dependencia de la Recompensa. En relación al Carácter, se observó una correlación negativa en las facetas de Autonomía, Responsabilidad, Autoaceptación y Altruismo del TCI.

Por otra parte, considerando la evaluación de los temperamentos afectivos medidos a través del cuestionario TEMPS-A Bs As, los pacientes bipolares presentaron valores estadísticamente superiores a los de la población general para los temperamentos irritable (p 0.002) y distímico (p 0.009) (Tabla 3). El análisis estadístico muestra correlaciones positivas significativas entre los tres sub-ítems de la BIS-11 (impulsividad motora, impulsividad cognitiva e impulsividad no planificada) y el ítem irritabilidad de la TEMPS-A. Así mismo, se distingue una correlación significante entre Impulsividad Cognitiva (BIS 11) y Distimia (TEMPS A)

En cuanto al desempeño cognitivo, se manifestaron alteraciones neuropsicológicas en las funciones ejecutivas, atención y memoria. En el test WCST la cantidad de categorías alcanzadas (4.85) fue levemente inferior a la esperada (6) y el número de errores perseverativos fue superior al esperado (23/17). En el test de Stroop se observaron puntajes que alcanzaron 1 desviación estándar por debajo de la media de la población general. Todos los puntajes de las pruebas neuropsicológicas relacionados con las funciones ejecutivas se encuentran dentro de la primera desviación estándar por debajo de la media poblacional. Si bien estas medidas corresponden a un desempeño dentro de parámetros normales es de destacar que se observan siempre levemente más abajo de lo esperado. No se observan puntajes que superan la media poblacional (Tabla 4).

Discusión

Los datos obtenidos en el presente trabajo permiten observar que nuestra población de pacientes bipolares eutímicos presenta valores de impulsividad totales, de impulsividad cognitiva y motora (pero no de impulsividad no planificada), más elevados comparados con la población general. Diversos estudios demuestran que los pacientes bipolares tanto en fase maníaca como depresiva presentan elevados valores de impulsividad (Strakowski 2010; Swann 2007). Nuestros resultados demuestran que durante la fase de eutimia también se observa una elevación de la impulsividad de acuerdo a la puntuación total de la escala BIS-11; por otro lado no se encontraron diferencias significativas entre las diferentes subescalas. Se destaca entonces que la impulsividad no se constituiría como un síntoma satélite sino como una característica central
del trastorno bipolar, independientemente de la fase clínica que se encuentre cursando el paciente.

Del análisis anterior se desprende que la impulsividad constituye un marcador de rasgo del trastorno bipolar. Por ende, es importante que sea evaluada en particular durante la entrevista a través de la anamnesis, el examen clínico y las escalas correspondientes ya que el paciente con trastorno bipolar pertenecería a una población de riesgo para presentar conductas desadaptativas.

Clásicamente se consideró a la impulsividad como perteneciente al cotejo sintomático de la manía, a partir de lo cual se podría deducir que predomina en el paciente con trastorno bipolar tipo I. Sin embargo, son numerosos los estudios que no reportan diferencias significativas entre los dos subtipos (Nandagopal JJ y cols, 2011), hallazgo que pudimos replicar con nuestros datos en el presente trabajo.

De los distintos temperamentos evaluados por la TEMPS-A (ansioso, depresivo, ciclotímico, irritable e hipertímico) se observó que los pacientes bipolares de nuestra muestra presentan valores estadísticamente superiores a los de la población general para los temperamentos irritable y distímico.

Finalmente la evaluación del temperamento y el carácter a través del TCI en nuestra población de pacientes sugiere que la impulsividad muestra una correlación positiva a la búsqueda de novedad y una correlación negativa significativa a las dimensiones evitación del daño y autonomía y una tendencia significante negativa en cooperatividad. Los pacientes con este perfil presentarían mayores niveles de impulsividad y una afectación de la personalidad en el sentido de un trastorno según la Teoría de la Personalidad de Cloninger (Cloninger, 1993)

En cuanto a los déficits en el funcionamiento cognitivo, no solo han sido ampliamente estudiados en diversos trabajos en pacientes bipolares en fase maníaca o depresiva, sino también en la fase de eutimia, encontrando
puntajes descendidos en las pruebas que evalúan funciones ejecutivas y tareas de memoria. Los resultados obtenidos en el presente estudio son congruentes con los reportados por otros autores (Thompson et al. 2005; Martínez-Arán, Vieta, Reinares et al. 2004). Robinson et al. (2006) describen un marcado deterioro en la memoria verbal y en aspectos de las funciones ejecutivas en pacientes bipolares eutímicos, resultados coincidentes a los reportados por Goswami et al. (2006).

Definimos las funciones ejecutivas como el conjunto de habilidades que permiten, entre otras funciones, planificar, formular objetivos, iniciar, anticipar e inhibir respuestas, resistir la interferencia y automonitorear la conducta de acuerdo a las demandas y exigencias sociales y personales. Un funcionamiento deficitario en este dominio está asociado a un peor rendimiento social y laboral en esta población de pacientes. Consideramos que la impulsividad, definida como la incapacidad para inhibir aspectos de la conducta, estaría íntimamente relacionada con las dificultades en el funcionamiento ejecutivo. En el presente trabajo, si bien los puntajes de las pruebas específicas no aluden a un deterioro franco, los mismos se encuentran levemente por debajo de los esperados en tanto edad y nivel de instrucción para los sujetos de la muestra. Si bien los puntajes en general no van más de 1 desviación estándar por debajo de parámetros normales, en ningún caso superaron la media descripta para la población, lo que indicaría una tendencia al descenso de los rendimiento neuropsicológicos. De todas maneras, nuestros resultados confirman que los pacientes que padecen trastorno bipolar, aún durante las fases de eutimia, presentan una disminución en su performance neuropsicológica. Considerando las limitaciones del presente trabajo nos proponemos en un futuro contar con una población más numerosa y grupo control de similares características que la población de pacientes evaluada.

Fuente: Alcmeon, Revista Argentina de Clínica
Neuropsiquiátrica, vol. 18, Nº 1, noviembre de
2012, págs. 5 a 16.

domingo, 26 de junio de 2016

Cuidado con las condiciones climatológicas y su estado de ánimo

La palabra depresión se escucha con más frecuencia que en años anteriores. Reconocemos sus causas, más nunca se piensa que las condiciones climatológicas pudieran tener un impacto significativo en nuestro estado de ánimo. Este impacto puede notarse en la condición conocida como “depresión de temporada” o “Seasonal Affective Disorder” conocida por sus siglas en inglés como SAD. 

La condición de la depresión de temporada, también conocida como “Winter Blues”, ocurre en ciertas temporadas más que en otras del año, en particular en el invierno, aunque se han reportado casos menos frecuentes en temporada de verano. 

La condición de la “depresión de temporada” o SAD puede comenzar a presentarse durante la adolescencia pero en la mayor parte de los casos se da en la adultez. La prevalencia de la condición es más común en las mujeres con un 75 % por ciento, de acuerdo a información de los Institutos Nacionales de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría. 

La razón para que se desarrolle la condición se debe a que los inviernos son más largos y oscurece más temprano. La cantidad de luz solar es menor y nuestro cerebro, al no procesar la luz solar como en otras estaciones, disminuye la producción del neurotransmisor conocido como serotonina. La serotonina impacta nuestro estado de ánimo y, por consecuencia, se desarrolla la condición. No es necesario tener un historial de salud mental previo para desarrollar la condición. 

De acuerdo a los Institutos Nacionales de la Salud, los síntomas tienden a presentarse durante los meses de otoño e invierno. Estos son similares a los de otras formas de depresión clínica, como: desesperanza, aumento en el apetito y por consecuencia aumento de peso, aumento en el patrón del sueño, disminución en los niveles de energía y concentración, falta de interés en actividades diarias, movimientos lentos, tendencia al aislamiento social y sentimientos de irritabilidad y tristeza. 


La condición de la depresión de temporada, de acuerdo a varios autores, puede convertirse en una depresión severa y la presencia de pensamientos con ideas de muerte podría estar presente. Es por tal razón que, de tú o un ser querido presentar estos síntomas no dude en consultar con su profesional de la salud como su médico personal o un profesional de la salud mental. El tratamiento para la condición es similar al de otros tipos de depresión con la utilización de antidepresivos y psicoterapia. Mas para su tratamiento se utiliza también la terapia de luz o “light therapy”. La utilización de la terapia de luz consiste de una lámpara, la cual es recetada por su médico y provee los efectos similares a los rayos solares aumentando los niveles de serotonina. Los beneficios de este tratamiento se comienzan a notar entre las 3 y 4 semanas de iniciado el tratamiento. Esta resulta altamente efectiva, de acuerdo a fuentes de los Institutos Nacionales de la Salud. 

Consejos para prevenirla y tratarla: No debe sentirse cohibido o avergonzado de buscar ayuda de sentir los síntomas de la depresión de temporada o SAD. Lo más importante para cuidar su salud y la de los suyos es informarse, reconocer los cambios en su estado de ánimo y buscar una opinión profesional. 

  • Comparta y socialice con su familia y amistades. No see aísles, interacciona con otros, ya que el apoyo social es un factor preventivo y de tratamiento. Nada como sentirse parte de un grupo en el que se sienta apreciado e integrado. 
  • Mantenga una higiene del sueño saludable. Trate de no alterar su patrón del sueño. Consulte a su médico de tener dificultades en esta área, ya que el aumento excesivo en el sueño también puede resultar en efectos negativos en tu salud. 
  • Comer saludablemente es un factor importante para mantener un organismo en óptimas condiciones. Ante los cambios climatológicos, evite el alcohol y el tabaco en exceso. A su vez, modera el consumo de alimentos altos en hidratos de carbono y azúcares. 
  • Buena adherencia al tratamiento. Sigue las instrucciones sobre los medicamentos recetados por su profesional de la salud. De tener alguna duda consulta, pregunta es su salud y es importante sentirte apoderado en el manejo de esta. 
  • Realizar ejercicios. Si por las inclemencias del tiempo no puede realizar ejercicios fuera del hogar, camina, sube y baja escaleras. Puede realizar ejercicios en su hogar por medio de vídeos y no olvide que con el simple hecho de que realizar sus tareas diarias, como recoger su casa, ya está en movimiento. Lo importante es mantenerse activo, ya que los climas fríos tienden a disminuir los niveles de energía. 
  • Utiliza la terapia de luz (“Light therapy”). Sigue las instrucciones para su uso y presenta consistencia al tratamiento. Lo más importante para el manejo de esta condición es informarse y consultar a su profesional de la salud. Recuerde que no está solo y que la identificación temprana será primordial en su tratamiento.

jueves, 23 de junio de 2016

lunes, 20 de junio de 2016

La mayoria de las personas con pensamientos suicidas no recibe tratamiento

El suicidio es una de las 20 causas más importantes de defunción en el mundo para cualquier rango de edad, con un millón de muertes cada año. Este grave problema de salud pública es el motivo de muchos estudios cada año, como los que hoy se publican en la nueva revista The Lancet Psychiatry.

En el primero de ellos, investigadores de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) y la Universidad de Harvard (EE UU) han revisado los factores psicológicos que pueden contribuir a un comportamiento suicida, como los tipos de personalidad, factores cognitivos y los acontecimientos vitales negativos.

La revista The Lancet Psychiatry publica para su lanzamiento un especial sobre suicidio. Uno de los estudios recogidos muestra los factores psicológicos que contribuyen a un comportamiento suicida y revela que alrededor del 60% de las personas que piensan en suicidarse o lo han intentado no cuentan con ningún tipo de ayuda.
Según Rory O'Connor, investigador de la institución escocesa, "a pesar de que se han identificado una serie de factores que contribuyen a la conducta suicida, no está claro cómo o por qué estos factores aumentan el riesgo de este comportamiento ni de los elementos que protegen entre aquellos que son vulnerables”.

“Son necesarios estudios adicionales para desarrollar tratamientos psicológicos y eliminar las barreras que conducen a la infrautilización de los recursos de salud mental", añade O’Connor.

Los resultados muestran también que alrededor del 60% de las personas que luchan contra pensamientos o conductas suicidas no reciben ningún tipo de ayuda. “Además, existe relativamente poca evidencia de la efectividad de los tratamientos recibidos por aquellos que sí los siguen”, explican los autores.

Por su parte, Matthew K. Nock, de la Universidad de Harvard, afirma que se han hecho avances significativos en la comprensión de la conducta suicida en los últimos años.

“Ahora tenemos una sólida base de conocimiento, así como algunos nuevos descubrimientos sobre los factores psicológicos que ponen a las personas en riesgo de pensar en el suicidio o que incrementan su probabilidad de actuar”, apunta. “Es muy importante que se invierta en nuevos avances para que disminuyamos el sufrimiento y la pérdida de vidas".

Biomarcadores para predecir el riesgo

Otro de los estudios publicados en el primer número de The Lancet Psychiatry expone una posible interacción entre la predisposición de cada persona, experiencias vitales estresantes y enfermedad psiquiátrica aguda con la conducta suicida.

Kees van Heeringen, investigador de la Universidad de Gante (Bélgica) y John Mann de la Universidad de Columbia (EE UU) han discutido la teoría del estrés-diátesis de suicidio, que explica por qué solo una pequeña minoría de personas está en riesgo de quitarse la vida después de la exposición a este tipo de estrés.

El estudio describe varios factores neurobiológicos que pueden desempeñar un papel en esta predisposición. Por ejemplo, los estudios postmortem y de neuroimagen han identificado los cambios estructurales y funcionales en los cerebros de los individuos con antecedentes de conducta suicida que puede afectar a la regulación del estado de ánimo, la respuesta al estrés y la toma de decisiones.

Estos cambios incluyen déficits bioquímicos en función de la serotonina y el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA) de respuesta al estrés. Los autores sugieren que estas anomalías podrían utilizarse en el futuro para desarrollar biomarcadores que ayuden a predecir quién está en riesgo de quitarse la vida, y que pueden servir como un objetivo útil para el tratamiento.

Según van Heeringen, "dado que no existen exámenes clínicos fiables para identificar a las personas más predispuestas al suicidio, los biomarcadores genéticos y de imagen cerebral ofrecen prometedoras vías para la detección de individuos de alto riesgo y de los tratamientos más personalizados para la prevención de la conducta suicida".

El impacto del duelo en el suicidio
Las personas afligidas por el suicidio de una pareja o un hijo adulto corren un riesgo significativamente mayor de suicidio en comparación con las personas en duelo después de la muerte repentina por otras causas.

Los hallazgos provienen de una nueva revisión de 57 estudios, publicada en la misma revista, que compararon el efecto de la muerte por suicidio, la salud mental y el funcionamiento social de los miembros de la familia, amigos y otros contactos de los fallecidos en relación con otros duelos repentinos.


Los datos revelan que el impacto psicológico en los otros miembros de la familia también es grave: los niños que pierden a una madre por suicidio tienen un mayor riesgo de depresión, mientras que las personas que pierden a un hijo por esta causa tienen un mayor riesgo de ingreso psiquiátrico debido a una enfermedad mental.
Las personas afligidas por el suicidio de una pareja o un hijo adulto corren un riesgo significativamente mayor de suicidio

Para Alexandra Pitman, autora principal y experta de la Universidad College de Londres, "tras un cálculo aproximado vimos que entre 48 y 500 millones de personas en todo el mundo viven un duelo relacionado con el suicidio cada año. Aunque el impacto del suicidio parece variar de acuerdo con el parentesco, la verdad es que todos los miembros del fallecido son propensos a necesitar apoyo”.


Hasta ahora, las políticas de prevención del suicidio tienden a tratar a las personas afectadas por el suicidio de un conocido como un solo grupo, en lugar de reconocer que las parejas y madres poseen mayor riesgo de suicidio que otros familiares y amigos.

Referencias
Kees van Heeringen, J John Mann. “Suicide 1. The neurobiology of suicide”. Lancet Psychiatry May 2, 2014. http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70220-2
Rory C O’Connor, Matthew K Nock. “Suicide 2. The psychology of suicidal behaviour”. Lancet Psychiatry May 2, 2014 http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70222-6
Alexandra Pitman, David Osborn, Michael King, Annette Erlangsen. “Suicide 3. Effects of suicide bereavement on mental health and suicide risk”. Lancet Psychiatry May 2, 2014. http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70224-X 

Fuente: Agencia SINC

viernes, 17 de junio de 2016

Superar el estigma de la enfermedad mental

LOS PREJUICIOS QUE SE CIERNEN SOBRE ESTE TIPO DE TRASTORNOS RETRASAN UNA POSIBLE MEJORÍA DE LAS PERSONAS QUE LOS SUFREN

Ansiedad, depresión, trastorno bipolar, fobia, adicción, son enfermedades tan comunes como diabetes, hipertensión, insuficiencia renal o asma y los fármacos que las tratan se encuentran como los de estas últimas entre los más vendidos. Sin embargo, la carga de prejuicios que rodea los trastornos de salud mental determina el apoyo social que reciben quienes las sufren e incluso impide que busquen tratamiento.

El estigma consiste en una imagen negativa que una persona genera sobre otra porque ésta posee una característica peculiar o personal que se piensa, o en realidad es, desventajosa (un estereotipo negativo). "Por desgracia, las actitudes y creencias negativas hacia la gente que tiene un trastorno de salud mental son comunes", continúan los especialistas norteamericanos.
El estigma puede conducir a discriminación y ésta puede ser directa, como un comentario negativo sobre la enfermedad mental o el tratamiento, o sin intención o sutil, como la evitación porque piensan que la persona podría ser inestable, violenta o peligrosa debido a su trastorno. Incluso el paciente puede juzgarse a sí mismo.

Entre los efectos perjudiciales del estigma, se encuentran la reticencia a buscar ayuda o tratamiento; la carencia de comprensión por parte de familia, amigos, colegas de trabajo u otras personas en sus círculos; menores oportunidades de trabajo, actividades sociales o escolares o problemas buscando alojamiento; acoso, violencia física o hostigamiento; asistencia sanitaria que no cubre de forma adecuada el tratamiento de la enfermedad mental y la creencia de que nunca se conseguirán ciertos retos o que la situación no mejorará.
Especialistas sugieren que las medidas para combatir el estigma podrían ser admitir la necesidad de tratamiento y conseguirlo; no avergonzarse ni crear dudas acerca de la capacidad personal; no aislarse; no denominarse a sí mismo despectivamente con el nombre de la enfermedad; acudir a grupos de apoyo; lograr ayuda en la escuela en el caso de tratarse de niños; hablar en contra del estigma y educar al público sobre la enfermedad mental.
FUENTE: EUROPA PRESS

martes, 14 de junio de 2016

Las personas con depresión pueden ser más propensas a desarrollar Parkinson

Las personas con depresión pueden ser más propensas a desarrollar la enfermedad de Parkinson, según un amplio estudio publicado este miércoles en la edición digital de 'Neurology', revista médica de la Academia Americana de Neurología.


"Vimos este vínculo entre la depresión y la enfermedad de Parkinson durante más de un intervalo de tiempo de más de dos décadas, por lo que la depresión puede ser un síntoma muy precoz de la enfermedad de Parkinson o un factor de riesgo para la enfermedad", afirma el autor del estudio Peter Nordström, de la Universidad de Umea, en Suecia.

Los investigadores también analizaron hermanos y encontraron que no había relación entre un hermano que tiene depresión y el otro Parkinson. "Este hallazgo nos da más pruebas de que estas dos enfermedades están relacionadas --apunta Nordström--. Si las enfermedades eran independientes entre sí pero causadas por los mismos factores ambientales o genéticos tempranos, entonces esperaríamos ver ambas enfermedades juntas en los hermanos, pero eso no sucedió".

Para el estudio, los investigadores comenzaron con todos los ciudadanos suecos mayores de 50 años a finales de 2005. A partir de eso, se quedaron con las 140.688 personas que fueron diagnosticadas con depresión entre 1987 y 2012. Estas personas fueron emparejadas con tres participantes del grupo control del mismo sexo y año de nacimiento que no habían sido diagnosticados con depresión, con un total de 421.718 participantes de control.

Los participantes fueron seguidos durante un máximo de 26 años, tiempo en el que 1.485 personas con depresión desarrollaron la enfermedad de Parkinson, o un 1,1 por ciento, mientras que 1.775 personas, o el 0,4 por ciento de los que no sufrían depresión, desarrolló Parkinson. La enfermedad de Parkinson fue diagnosticada una media de 4,5 años después del inicio del estudio y la probabilidad de desarrollar Parkinson disminuyó con el tiempo.

Las personas con depresión fueron 3,2 veces más propensas a desarrollar la enfermedad de Parkinson dentro de un año después del inicio del estudio que las personas que no tenían depresión. Entre 15 y 25 años después de que el trabajo comenzara, los participantes con depresión presentaban un 50 por ciento más de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

Los individuos con casos más graves de depresión también eran más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson y quienes habían sido hospitalizados por depresión cinco o más veces registraban un 40 por ciento más de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que aquellos que habían sido hospitalizados por depresión sólo una vez. Las personas hospitalizadas por depresión tenían también 3,5 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que quienes habían sido tratados para la depresión como pacientes ambulatorios.

La relación entre la depresión y la enfermedad de Parkinson no cambió cuando los investigadores ajustaron por otros tratornos relacionadas con la depresión, como la lesión traumática cerebral, el accidente cerebrovascular y el abuso de alcohol y drogas.

Fuente: www.canarias7.es

La Serotonina y el bienestar

La serotonina es un neurotransmisor que se encuentran en varias regiones del sistema nervioso central y que tienen mucho que ver con el estado de animo.



FUNCIONES DE LA SEROTONINA

  • Entre las principales funciones de la serotonina esta la de regular el apetito mediante la saciedad, equilibrar el deseo sexual, controlar la temperatura corporal, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas.
  • La serotonina interviene en otros conocidos neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que están relacionados con la angustia, ansiedad, miedo, agresividad, así como los problemas alimenticios.
  • La serotonina también es necesaria para elaborar la melatonina, una proteína que es fabricada en el cerebro en la glándula pineal, y es la encargada de la regulación del sueño. La serotonina aumenta al atardecer por lo que induce al sueño y permanece elevada hasta el amanecer cuando comienza a descender.
  • Otra función importante de este neurotransmisor, es actuar como el reloj interno de nuestro cuerpo, lo que a su vez determina nuestros ciclos de sueño y vigilia. El reloj interno es el encargado de coordinar varias funciones biológicas como la temperatura corporal, la hormona del estrés, cortisol, y los ciclos del sueño. La correcta coordinación de estos 3 elementos hace que podamos dormir profundamente y despertar descansados. Los hombres producen hasta un 50% más de serotonina que las mujeres, por lo tanto, estas son más sensibles a los cambios en los niveles de serotonina.

CAMBIOS EN LOS NIVELES DE SEROTONINA

El estrés, los niveles de azúcar en sangre y los cambios hormonales, sobre todo en los estrógenos, son algunas de las causas por las que serotonina se ve alterada. Los niveles bajos de serotonina, se asocian a desequilibrios mentales como la esquizofrenia, autismo infantil, trastorno obsesivo compulsivo, hiperactividad infantil, depresión, estados de agresividad, migrañas, estrés e insomnio.
El aumento de serotonina en los circuitos nerviosos produce una sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración. La serotonina se puede medir a través de la sangre, aunque no se obtendrá mucha información, debido a que el cerebro y el resto del cuerpo se encuentran separados por la barrera hemato-encefálica, una especie de pantalla que no permite el paso de cualquier sustancia al cerebro. Por eso el cerebro fabrica sus propios neurotransmisores.

COMO AUMENTAR LA SEROTONINA

  • El triptófano es precursor de la serotonina, este aminoácido esencial que es capaz de traspasar la barrera cerebral, no lo puede producir el organismo por lo que debe ser obtenido a través de la dieta.
  • Las semillas de Griffonia simplicifolia, una planta que crece en la sabana y en la costa del oeste de Afrecha, son ricas en 5-hidroxitriptofano (5-HTP), una sustancia que sirve de nexo entre el triptófano y la serotonina.
  • Practicar determinadas técnicas de relajación, yoga, meditación ayuda a elevar los niveles de serotonina.
  • Hacer ejercicio con regularidad, la vida al aire libre, pasear y bailar favorece el incremento de esta sustancia.
  • Cambiar de actividad, hacer cosas nuevas, emprender nuevos proyectos, viajar... ayuda a que la serotonina aumente.
Son ricos en triptófano las pastas, arroz, cereales, leche, huevos, soja, pollo, pavo, queso, plátano y leguminosas.
En todos los casos le recomendamos consultar con su médico, terapeuta u otro profesional de la salud competente. La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa.


Por Almudena Requero. Periodista especializada en temas de salud y terapias naturales. Autora del libro "Mi hijo es hiperactivo y distraído", Fuente: www.enbuenasmanos.com. 

lunes, 13 de junio de 2016

7 formas de aplicar primeros auxilios emocionales



Cuando alguien sufre una herida inmediatamente desinfectamos y cubrimos con una venda o se  prescriben antibióticos para evitar cualquier infección todo esto sin ser cuestionado, de hecho se discute cuando no se aplican los primeros auxilios cuando son necesarios.  ¿Por qué no sucede lo mismo con nuestra salud mental?,   se cree que solo hay que esperar para superar las heridas psicológicas, cuando cualquiera que haya experimentado el rechazo o agonizado a causa de un fracaso, sabe muy bien que las heridas emocionales pueden ser tan paralizantes como las físicas.
Tenemos que aprender a utilizar herramientas en estos casos, a continuación se abordan siete formas de aplicar los primeros auxilios emocionales según el psicólogo Guy Winch.
  1. Preste atención al dolor emocional – reconocerlo cuando acontece y ayudar a aliviarlo antes que el sentimiento lo inunde todo.

La sensación de dolor evolucionó en el cuerpo para advertirnos de que algo anda mal y tenemos que enfrentarlo, este mismo principio aplica igualmente para el dolor emocional.  Si no superamos un rechazo, fracaso o mal humor, es síntoma que se ha sufrido una herida psicológica y hay que tratarla.
Por ejemplo, la soledad puede ser devastadoramente perjudicial para la salud psicológica y física, de modo que cuando un amigo, un ser querido o nosotros se siente social o emocionalmente aislado, es necesario brindarle apoyo.
  1. Redirigir la reacción visceral cuando se falla.

La naturaleza de las heridas psicológicas, facilita priorizar ciertos aspectos.  El fracaso nos puede llevar tratar de corregir lo que ya no se puede cambiar en lugar de centrarnos en lo que verdaderamente si se puede.  Esta tendencia posiblemente hará que no se rinda al máximo, nos centramos en las deficiencias y entramos en un ciclo repetitivo.
Para detener este tipo de espiral emocional, hay que aprender a ignorar las reacciones “viscerales” post-fracaso de indefensión y desmoralización, realizar una lista de factores que se pueden controlar para intentarlo de nuevo.  Por ejemplo, pensar en la preparación y planificación y cómo se pueden mejorar.  Este tipo de ejercicios reducen los sentimientos de impotencia y mejoran las posibilidades de éxito futuro.
  1. Monitorear y proteger la autoestima, cuando los ánimos bajan es necesario la autocompasión.

La autoestima es como un sistema inmunológico emocional que amortigua el dolor emocional y fortalece la capacidad de recuperación emocional.    Por tal motivo es importante monitorear y evitar decaer en particular cuando ya se está sufriendo.
Una forma de “curar” la autoestima lesionada es practicar la auto-compasión.   Cuando surgen los sentimientos de auto-crítica,  realizar el siguiente ejercicio: imaginar que un amigo querido se siente mal de sí mismo por razones similares, escribir un mensaje expresando compasión y apoyo hacia él.   Luego leer el mensaje, estas palabras son las que deberían darse a sí mismo.
  1. Cuando los pensamientos negativos empiezan a dominar, interrumpir con distracciones positivas.

Al repetir acontecimientos dolorosos en la mente sin buscar una nueva visión o tratar de resolver un problema, se está encubando, en especial cuando se convierte en algo habitual, un dolor psicológico más profundo.
La mejor forma de interrumpir la rumiación insana es distraerse mediante la participación en tareas que requieran concentración (por ejemplo, realizar un Sudoku, completar un crucigrama, tratar de recordar los nombres de compañeros del grado 5).  Los estudios revelan que incluso los dos minutos de distracción reducen la necesidad de centrarse en pensamientos insanos.
  1. Encontrar significado en la perdida

Las pérdidas son parte de la vida, pero pueden dejar cicatrices que nos impiden avanzar si no tratamos las heridas emocionales que genera.    Si ya ha trascurrido suficiente tiempo y todavía se está luchando para continuar adelante después de una pérdida, es necesario introducir una nueva forma de pensar acerca de ello.
Específicamente, lo más importante que se puede realizar para aliviar el dolor y recuperarse es encontrar un sentido en la perdida y los propósitos que de ella se derivan.  Puede ser difícil, pero se puede pensar en lo que se ha obtenido después de la pérdida (por ejemplo, “he perdido a mi esposo, pero me he acercado mucho más a mis hijos”).   Considerar como podría beneficiar o ayudar a otros a obtener una nueva apreciación de la vida o imaginar los cambios que se podría realizar para ayudarle a vivir una vida más acorde con sus propios valores y propósitos.
  1. No permitir que la culpa excesiva persista

La culpa puede ser útil, en pequeñas dosis, alerta a tomar medidas para reparar un problema en la relación con otra persona.    Pero la culpa excesiva es tóxica, ya que malgasta las energías emocionales e intelectuales, distrae de otras tareas e impide disfrutar de la vida.
Una de las mejores formas de afrontar la culpa persistente consiste en ofrecer una disculpa eficaz.  O sea, aunque se halla disculpado con anterioridad, disculparse es un poco más complejo de lo que solemos realizar.   El ingrediente crucial que requiere una disculpa eficaz y del que suelen carecer, es de una “declaración de empatía”.  En otras palabras, las disculpas debería centrarse menos en la explicación de por qué se hizo lo que se hizo y más en cómo las acciones (o inacciones) afectaron a la otra persona.    Es más fácil perdonar a alguien cuando se siente que realmente entiende lo que se siente.  Al disculparse (aunque sea por segunda vez), la otra persona  es mucho más probable que trasmita un auténtico perdón y ayuda a que la culpabilidad se disuelva.
  1. Aprender cuales son los tratamientos efectivos para las heridas emocionales.

Prestar atención a sí mismo y aprender como personalmente afrontamos las heridas emocionales comunes.   Por ejemplo, encogerse de hombros, estar muy molesto pero recuperarse rápidamente, disgustarse y recuperarse lentamente, aplastar los sentimientos, o…?.
Utilice estos conocimientos para ayudarse a entender como los primeros auxilios emocionales pueden funcionar mejor para usted en diferentes situaciones (es como identificar cuales medicamentos para el dolor del botiquín funcionan mejor para uno),  lo mismo ocurre con la construcción de la resiliencia emocional.   Probar diferentes técnicas y averiguar cuáles son más fáciles de poner en práctica y cuales son más eficaces para sí mismo.
Pero sobre todo, adquirir el hábito de tomar nota de la propia salud psicológica de forma regular en particular después de una situación estresante, difícil o dolorosa emocionalmente.
La práctica de la higiene emocional toma algo de tiempo y esfuerzo, pero aumentara realmente la calidad de vida.
Fuente: http://www.actualidadenpsicologia.com/